
¡Son mamadas!
CASO 1. Sucedió la semana pasada. Atendí a un cliente nuevo, nuevo en el sentido de que nunca antes lo había atendido, pues el güey ya traía sus kilometraje. Se fue muy contento el grandísimo cabrón. Me fui directito al banco a depositar la lana que me acababa de pagar el muy taimado. Así como la recibí, la entregué al cajero y el santísimo empleado bancario, con sonrisita de "ya te chingaste" y cara de sacerdote regañón, me informó que mis billetes eran más falsos que la declaración de amor de una vaca sagrada (perdón, quise decir que la promesa de un político, pero me salió lo religiosa)... Naturalmente casi me paro de pestañas, especialmente cuando el morrito de la corbatita, puso sendos sellos al producto de mi esfuerzo y estaba decidido a "confiscármelos" pretendiendo revisar el resto de mis bien ganados billetitos en la actitud más de mequetrefe posible. Obviamente, ese güey no era el culpable de mi desfalco, pero al tratarme como falsificadora y casi ponerse a regañarme como si yo hubiera impreso esos Marianitos Escobedo piratotas, se volvió el blanco de mi ira... No le arranqué la cabeza ni le dije nada gacho, nomás porque soy muy prudente, pero me di media vuelta mentando madres discretamente y, encabronadísima, me fui a llorar mi saqueo, y es que, no mamen, así sin pagar... me cae que es violación... ¡Abogaaaaados! ¿Verdad que es violación? ja, ja...
CASO 2. Sucedió hoy, hoy, hoy, como diría Fox... Llego a la habitación, nuevamente atiendo al cliente a toda madre, él muy contento ji, ji, ji... ja, ja, ja... ju, ju, ju. plática, sexo, bla, bla, bla... de pronto veo algo raro... Hay un teléfono mal acomodado, recargado de lado en unas toallas y sospechosamente orientado hacia la cama... Me levanto como si me hubieran puesto chile en el uy, uy, uy... lo tomo y siento que está hirviendo el puto aparato (telefónico, mal pensados)...
-¡Estás grabando! ¿Verdad?- Le dije al güey transformada en Katie Ka-boom... El hijo de su repinche madre (perdonando la expresión) había tenido la ocurrencia de hacerse un bonito suvenir de nuestro encuentro... Le dije de lo que se iba a morir, borre el video que había tomado de mí y me fui encabronadísima del hotel.
Digo por más que sea pequeña y traviesa, no estoy dispuesta a protagonizar las chaquetas de los you tuberos o porn tuberos... Porque aunque no me las doy de Paris Hilton... ¡Son chingaderas! Una trata de cuidarse en estos rollos, para que de pronto venga un pasado de lanza a darte en la madre. Sé que si dejara de cubrir mi rostro en mis anuncios, habría más chavos interesados en mi servicio y no lo hago, porque pongo el mañana por encima del hoy, valiente joda si un hojaldra pasa por encima de mi decisión exhibiéndome sin más provecho que el de hacerme daño.
Amigos foristas, compañeras divas... Cuidémonos. Yo sé que de cada cien clientes, a lo mucho uno resulta ser un culero, o un güey que quiere pasarse de listo. La mayoría son chavos buena onda sin otro propósito que pasársela bien en la cama con una niña linda. El pedo es que, hay que cuidarnos de ese uno por ciento. Hace un par de semanas estuvo circulando por aquí la dirección de un video de una colega en el Villas. El hijo de la tiznada lo subió a Internet. No sé si lo correcto es censurarlo para que no lo vea más gente, o promoverlo para identificar al malechor y cuidarnos de él.
¡Aguas chicas! Yo sé que parte de un buen servicio es no hacer sentir al cliente que todo se trata de dinero y relajarte con él para coger rico, pero en vista de las cosas que están pasando, hay que irnos con cuidadito... cuidar que los billetes que recibes no sean falsos como propósito de año nuevo, no es falta de confianza, es precaución... cuidar que no haya camaritas onda "Punk'd" región 4, no es mamonería, es pudor... Yo creo que el uno por ciento de culeros, se escudan en que nosotras trabajamos para el noventa y nueve por ciento de clientes buen pedo... sólo juntos podemos cuidarnos. ¿Cómo? Pues cuando algo así pase, miéntale su madre, corre, cuéntaselo a quien más confianza le tengas y... ¡Mucho ojo!
En fin, ya lo dije... ¡Son mamadas!